Jean-Baptiste Jeangène Vilmer jb.jeangene.vilmer (at) aya.yale.edu
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Atreverse a hablar de ética

Investigación - research*eu (Comisión Europea), Noviembre de 2008

Jean-Baptiste Jeangène Vilmer, de 29 años, doctorando en filosofía y en ciencias políticas, máster de derecho de la Universidad McGill (Canadá), y actualmente investigador invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos), enseñó ética animal a estudiantes de medicina veterinaria, en Montreal. Estas reflexiones le llevaron a escribir un libro sobre este tema [1], cuya primera parte es filosófica, mientras que la segunda describe el sufrimiento que pueden experimentar seres vivos sensibles, citando algunos ejemplos de prácticas concretas. Estos mismos animales cuyo bienestar y derechos supuestamente defendemos.

La noción de ética animal (un término poco difundido) ¿va más allá y engloba a la vez la noción de “derecho” y la de “bienestar”, que son expresiones mucho más corrientes ?

Las nociones de “derecho” y de “bienestar” son a la vez demasiado vagas y restrictivas. Se habla de “derechos de los animales” sin saber si se trata de derechos legales o solamente morales, presuponiendo a menudo que los defensores de la causa animal se expresan obligatoriamente en esos términos, lo que no es cierto. Algunos defienden una teoría de los “derechos”, otros prefieren evitar esta terminología cargada y ambigua. En cuanto al “bienestar”, no dice nada en sí mismo sobre lo que nos llevaría a respetar este término en el animal. Tan sólo es un estado, cuya definición además es igualmente ambigua, y sobre todo muy subje - tiva. Como digo en este libro : “La ciencia del bienestar animal es una disciplina independiente y técnica que no se pregunta si el hombre tiene que procurar mejorar el bienestar de los animales y por qué, sino solamente de cómo”.

Cuando se habla de ética, se piensa en la filosofía…

En efecto, la ética animal es una rama de la ética aplicada, la cual es una rama de la ética, que efectivamente es la filosofía moral. Se define como : “El estudio de la responsabilidad moral de los hombres hacia los animales (considerados individualmente)” y se presenta como la disciplina que reúne el conjunto de estos cuestionamientos sobre el estatus moral de los animales, es decir, sobre lo que está “bien” o “mal” hacerles, y por qué.
Por lo tanto, la ética animal engloba las nociones de derecho y de bienestar, sobre las cuales van a apoyarse algunos de sus representantes, que además se oponen los unos a los otros, puesto que los defensores de las teorías de los derechos (deontologistas), que suelen ser abolicionistas (a saber, que desean abolir cualquier explotación animal) se oponen enérgicamente a quienes desean sólo la mejora del bienestar animal (“bienestaristas”). Por lo tanto, los partidarios del bienestar no cuestionan su explotación, lo que no excluye que puedan desear la abolición de algunas prácticas, examinadas caso por caso y no en virtud únicamente de que utilicen animales.

Parece ser que la primera motivación de los partidarios del bienestar animal, e igualmente de los deontologistas, es la noción de sufrimiento. Pero si nos interrogamos sobre el sufrimiento de las especies, comparando a los humanos y a los no humanos, nos damos cuenta de que existen algunas diferencias…

Por supuesto. Contrariamente a lo que se suele oír, no consiste en tratar a los animales como a las personas y viceversa. Como dice Peter Singer, se trata de tener una consideración idéntica para intereses diferentes, capacidades diferentes, que impliquen por lo tanto un tratamiento diferente.
Los animales, al menos algunos de ellos (dejando de lado la cuestión de los casos límite), comparten con los humanos la capacidad de sufrir. Esta característica común no implica que sean iguales los sufrimientos respectivos de unos y de otros, e incluso dentro de cada uno de estos grupos. Se pueden destacar dos diferencias esenciales. Por un lado, el conocimiento humano, que permite concebir lo que es el sufrimiento, puede ser en sí mismo fuente de sufrimiento, duplicándose el suplicio : el condenado a muerte sufre por saber que va a morir en un plazo de seis meses, mientras que el buey no lo sabe. Por otro lado, la ignorancia animal puede ser igualmente una fuente de sufrimiento puesto que, al contrario del hombre, el animal salvaje no puede distinguir entre un intento de capturarlo para retenerlo y un intento de matarlo, por ejemplo. Dicho esto, más allá de esas diferencias, lo que interesa a la ética animal es lo que tienen en común los hombres y los animales y, sobre todo, lo que implica esa capacidad común de sufrir para los primeros con respecto a los segundos.

¿Cree que Europa (con sus directivas comunitarias, por ejemplo) está a la cabeza, o en todo caso en buen camino, en lo que se refiere al respeto y a la protección de la vida animal ?

Creo que tendríamos que distinguir entre “respeto” y “protección” de la vida animal. En materia de protección, Europa destaca claramente : numerosas prácticas, expandidas y en absoluto cuestionadas en América del Norte, están prohibidas desde hace mucho tiempo en Europa. Además, parece ser que la Comisión Europea pretende avanzar en este sentido, particularmente en lo que concierne a la cría en batería. ¿Pero lo hace en realidad por “respeto” a los animales ? ¿No sería indirectamente por respeto a los hombres, por la imagen que desean proyectar de sí mismos, por la salud pública o por la calidad de su medio ambiente ? Paradójicamente, creo que hay más respeto por los animales en algunos pueblos que los “protegen” menos en el ámbito jurídico. Me refiero a quienes viven en y con la naturaleza sin pretensiones de dominarla y a quienes tienen un sistema de creencias que no se basa en la deificación del hombre, particularmente en los pueblos orientales.

Concretamente, ¿en qué campos cree que habría que cambiar rápidamente la legislación a causa de algunas prácticas abusivas ?

Creo que todas las situaciones se pueden mejorar, aunque daría más prioridad a la cría de animales industrial. Europa se encuentra lejos de los objetivos prometidos en ese campo, especialmente en las jaulas de las gallinas ponedoras, las cajas de los terneros y las porque rizas de las cerdas. Igualmente, habría mucho que decir de la corrida, el foie gras, los zoológicos, los circos y el desarrollo de alternativas a las pruebas con animales.
Tampoco hay que subestimar los vínculos entre la protección animal y la política exterior. Europa, si habla con una sola voz (y esa es precisamente la cuestión) puede tener más peso sobre las decisiones internacionales, como las concernientes a la caza de focas o de ballenas y, de forma general, el comercio internacional de productos animales que ponen en peligro algunas especies o que mantienen prácticas condenables.
Asimismo, tenemos que concienciarnos de que lo que no se haga en Europa, difícilmente se hará en otros lugares. Y es que el mundo entero, en particular los abanderados de la ética animal norteamericanos, tienen puestas las miras en lo que nosotros hagamos.

Usted ha escrito una obra cuya primera parte está dedicada a la teoría y la segunda, a la exposición de los hechos, pero sin relacionar explícitamente ambas. ¿Se trata de una elección de tipo pedagógico ?

Sí, por tres razones. Primera, me pareció que se trataba de la forma más clara y sistemática de presentar toda la disciplina. Segunda, porque unir ambas partes sin ir repitiendo cada vez los diversos posicionamientos implicaba imponer al lector un punto de vista, el mío, que he querido incluir pero de forma discreta. Al no entablar vínculos explícitos, el lector puede elegir la teoría que desee utilizar para interpretar la práctica. Y tercera y última, desde un punto de vista socrático es interesante el que cada persona descubra por sí sola. El libro no da respuestas elaboradas, sino herramientas que permitirán que cada uno se oriente en el campo de la ética animal, en función de sus preferencias.

En esta segunda parte, usted presenta una serie de “prácticas” muy diversas (las corridas, la ceba de las ocas, la cría industrial de animales), todas ellas crueles. ¿Existe alguna similitud entre estas diferentes utilizaciones del animal ? ¿Representa la reificación del animal, la demostración del poder del hombre… o es mejor evitar las amalgamas ?

Efectivamente, tienen en común una cierta reificación del animal que, aunque está evolucionando en la ley (tan sólo en algunos países) no deja de ser la corriente de pensamiento mayoritario en la opinión pública, aunque a veces se tenga la impresión de que sea exactamente lo contrario, y que los comportamientos excesivos de los maníacos de los animales de compañía (que confunden animales familiares en el sentido de “cercanos o próximos” y familiares en el sentido de “que pertenecen a la familia”), parecen ser la prueba de que ya no estamos en la óptica del “animalcosa”, sino en la de “sujeto”. Por el contrario, creo que estos comportamientos son la mayor confirmación de la “cosificación” de los animales, siempre considerados como medios de sustitución, decoración o valorización.
Lo que tienen en común todas estas prácticas problemáticas, además de la reificación del animal, es que reflejan la necesidad que siente el hombre de probarse a sí mismo su potencia y su superioridad, ya que es el único que se mira a sí mismo. También revelan su profundo egoísmo, puesto que le cuesta mucho conceder valor a los intereses de otras especies diferentes a la suya, incluso dentro de su propia especie, a los que no son del mismo origen social, étnico, religioso o geográfico que el suyo.

Declaraciones tomadas por Christine Rugemer.

[1] Jean-Baptiste Jeangène Vilmer, Ethique animale, Paris, PUF, 2008.